Nuestra Historia: El Origen de Temetum

La historia de Temetum nace de la pasión por el vino de la familia Regueira. En 2014 encontramos el lugar perfecto en las laderas del Río Miño, cerca de Portotide, en el corazón del Concello de O Saviñao (Lugo).

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Este no es un lugar cualquiera. Nos enclavamos en un paraje natural declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO y Paisaje Cultural de Interés por la Xunta de Galicia: la Ribeira Sacra. Una tierra con una historia vinícola milenaria, iniciada por los romanos y continuada por las comunidades monásticas que le dieron el nombre de Rovoyra Sacrata en el siglo XII. Aquí, entre paisajes idílicos con «embruxo» y bancales («socalcos») que quitan el aliento, decidimos plantar nuestras cepas de Mencía, Garnacha y Tempranillo.

El nombre Temetum rinde homenaje a ese legado romano. En la antigua Roma, el temetum era el vino más puro y sagrado, reservado para las ofrendas a Júpiter, dios de las cosechas. Nuestro lema se inspira en esa aspiración: trabajar con dedicación para que cada cosecha supere a la anterior, buscando la máxima expresión de esta tierra única.

Para materializar este sueño, contamos con el talento de enólogos como Roberto Regal y, posteriormente, Victor Pérez Sieiro, con quienes logramos un maridaje perfecto entre tradición, innovación y un profundo respeto por el «terruño».

Al no disponer el viñedo de una bodega de guarda , necesaria para las labores de Viticultura,  se inician en 2015 gestiones para la construccion de una,  que para ser lo mas respetuosos posibles con el entorno se traen las piedras de una casa en ruinas de la zona, respetando las piedras originales de la puerta, construyendola en el 2017 e inaugurandola el 5 de Setiembre en  la vendimia de ese año.

 

La Finca: Pedras Altas

Nuestro vino nace en un único lugar, la finca Pedras Altas, un viñedo que encierra la esencia más pura de la Ribeira Sacra.

  • Zona: Ribeira Sacra (Subzona Riberas del Miño).
  • Superficie: 2.300 metros cuadrados.
  • Orientación: Sur-Oeste, garantizando una maduración óptima.
  • Altitud: 350 metros.
  • Suelo: Arenoso sobre una base de granito, lo que aporta al vino un característico susurro mineral y salino.
  • Cepas: Un viñedo de entre 30 y 40 años compuesto por Mencía (90%), Garnacha (5%) y Tempranillo (5%).
  • Sistema de conducción: Espaldera
  • Edad media: 40-50 años
  • Poda: Guyot Simple
  • Mantenimiento suelo: Cubierta vegetal

 

Viticultura Heroica: La Vendimia

Trabajar en Pedras Altas es un acto de amor y sacrificio. Con pendientes que alcanzan el 65% de inclinación, toda labor se realiza de forma manual y artesanal, sin herbicidas ni tratamientos sistémicos y con desbroce manual. Esta forma de trabajar, dura y exigente, es lo que se conoce como «viticultura heroica».

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La vendimia es el momento cumbre de este esfuerzo. Los racimos se seleccionan y se recogen a mano, uno a uno, en cajas de 18 kg. Estas cajas son transportadas a hombros por los vendimiadores a través de los escarpados bancales hasta los caminos.

En la bodega, aplicamos una enología de mínima intervención para que el vino exprese su máxima expresión, mezclando tradición e innovación, siendo el silencio, la paz y la traquilidad, en una tierra dormida en el tiempo, la música que marca el baile de la transformación en las bodegas de unos vinos únicos con sabor a «terruño».

Tras un despalillado y estrujado, el mosto macera y fermenta en depósitos de acero inoxidable, para después pasar 6 meses en barricas de roble francés que pulen su carácter sin enmascararlo.

Por último, se procede con embotellamiento con un mínimo filtrado.

El resultado es un vino que sabe a paisaje: elegante, vivo y con un final largo que evoca la pureza de su origen.

Temetum - Origen

El nombre de nuestro vino, «Temetum», no es una elección casual. Es un eco que resuena desde la Antigua Roma, cargado de historia, de prohibición y, sorprendentemente, de romance. Para entenderlo, debemos viajar en el tiempo a una época donde el vino era un privilegio negado a las mujeres.

Historiadores como Plutarco, Plinio el Viejo y Valerio Máximo nos cuentan en sus escritos que, en los albores de la República Romana, la ley era estricta. A las mujeres se les exigía una abstinencia total de alcohol y se les prohibía de manera tajante beber vino puro, conocido entonces por su antiguo nombre latino: temetum.

La razón detrás de esta prohibición era profunda y social. Se creía que el vino, al «abrir las puertas de la mente», podía llevar a las mujeres a cometer actos considerados inmorales o vergonzosos. El castigo por infringir esta norma era de una severidad implacable, equiparable al que se reservaba para el adulterio.

Pero, ¿cómo se aseguraba un marido de que su esposa no había violado la ley? Aquí es donde la historia da un giro inesperado y se conecta con uno de los gestos de afecto más universales.

Para detectar el aroma del temetum en el aliento de su esposa, el marido practicaba lo que se conocía como el ius osculi o «el derecho al beso». Debía acercarse a ella, oler su aliento y rozar sus labios. Los relatos de la época sugieren que este acto no era un beso tierno y romántico como lo entendemos hoy, sino un método de control. Sin embargo, con el paso del tiempo y la relajación de las costumbres, esta práctica fue evolucionando.

Lo que comenzó como una inquisitiva «prueba de aliento» fue transformándose en un gesto cotidiano de saludo y afecto entre cónyuges. Aquella obligación se despojó de su propósito original para convertirse en una demostración de amor e intimidad. Así, muchos historiadores sostienen la fascinante teoría de que el beso romántico en la cultura occidental nació, en parte, gracias a la prohibición del vino.

Al nombrar nuestro vino «Temetum», no solo hemos querido recuperar un término histórico, sino también celebrar esta increíble historia. Es un homenaje a cómo algo que una vez fue prohibido y controlado puede transformarse en una fuente de placer, pasión y conexión, que es exactamente lo que buscamos que experimentes con cada copa.

Temetum es más que un vino; es una invitación a besar, a celebrar y a recordar que detrás de cada sorbo hay siglos de historia.